Oír y Hacer

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“Bienaventurados nosotros si hacemos las obras que hemos escuchado y cantado. Nuestra escucharlas significa tenerlos plantado en nosotros, mientras nuestra hacerlas demuestran que la semilla tiene ah dado fruta” San Agustín

Cuando era más joven, en mi adolescencia, y no atento (indiferente) al quehacer alrededor de la casa, me parecía desagradable al oir una voz (mamá) llamando desde la cocina mandandome a terminar un quehacer alrededor de la casa. Me parecía pesado y aburrido limpiar el bano o lavar los platos. A veces no lo hacía. Esto creó un ambiente no tan tranquilo alrededor de la casa dando por resultado formas creativas de construir una montaña con los trastes o fingir que pelos de baño eran lava sólo para evitar pisarlos. No es divertido para nadie.

Si los sirvientes en la boda de Caná no habían respondido puntualmente a la petición de María, “haz lo que él os diga”, el primer milagro del Ministerio de Jesús podría haber retrasado y el disfrute de vinos podría haber tenido que esperar. Cuando una madre habla uno escucha! No es hasta que nos hacemos padres o somos puestos en una posición de cuidado infantil que nos damos cuenta de la importancia de las respuestas atento. Sabemos que si le pedimos a un niño a recoger sus juguetes no es porque queremos que haga el trabajo sin sentido. La función del mandato es para el objetivo final de seguridad, responsabilidad y orden. Pero el niño no ve esas razones, él aprende a responder obedientemente y a veces ciegamente; una ceguera que se apoya fuertemente en la confianza. El niño sabe que recoger los juguetes es bueno pero a veces no entiende por qué él tiene que ir a recogerlos pero responde obedientemente.

El motivo subyacente para la obediencia a la voz de los padres comienza a molde de sí mismo en amor. Las más veces que un niño experimenta el amor de su padre, los guardias se bajan en el y mas se someten a obediencia. Una relación basada en amor y abnegación comienza a romper la barrera. Puede producir la confianza y con confianza llega el fruto de la caridad que se da libremente. El quehacer aunque no deseado se convierte en un acto de amor, el motivo más ulterior, que es la caridad, se convierte en el motor detrás de su terminación.

¿Donde va esto?

¡Gracia! Es un regalo que se nos ha dado como una fuente de fortaleza en nuestra obediencia a Dios. ¡Gracia! es la vida de Cristo en nosotros. ¡Gracia! es nuestro medio de una fiel respuesta a la invitación del padre a la vida. ¿Sabemos por qué a veces nos pide soltar a un ser querido que ha fallecido?  ¿Se entiende por qué a veces busca nuestra caridad cuando sentimos que no podemos dar? ¿Percibimos la urgencia de su deseo para nuestra santidad?

No entendemos las invitaciones que Dios hace y es por eso que a veces dejamos en responder. Nuestra respuesta ciega es uno de los actos más temerosos que nunca hemos experimentado. Su gracia se da, pero si no lo reconocemos, no abrimos nuestro corazón para recibirlo. Igual que un niño aprende a actuar por amor cuando en relación con su padre, también crecemos en nuestra relación con Jesús y en oración comenzamos a acercarnos a sus invitaciones. El amor es la fuerza impulsora para todo lo que hacemos. El amor es lo que nos permite reflejar la obediencia del hijo al padre. ”Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo.Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” Mateo 26:39. El padre amaba al hijo que amó el padre, el fruto de esto fue perfecto en todos los sentidos. El deleite trinitario estaba presente para nosotros como testimonio de amor perfecto y nos permite seguir hacia adelante con confianza en nuestra respuesta.

Hay una profundidad que puede alcanzarse con aprender lo que nosotros estábamos destinados a hacer en la tierra. Dios nos ha dado dones y se espera que usemos estos dones en nuestra respuesta a su voz. A veces nos pide lavar la inmundicia de nuestro corazón con las aguas del Bautismo, limpiar nuestra alma con el uso de la reconciliación, a barrer nuestras obras con la escoba de la virtud. Cuando él nos pide limpiar la casa del alma, no deberemos retrasar ni decir “tal vez manana, Jesús”.

¿Es justo despedir a nuestro deber como seguidores de Cristo y colgar el delantal de santidad simplemente porque hemos dicho “ya basta”? Se gastará el tiempo y nuestra vida se moldea. Cosas tendrán que esperar y otras se dejarán completamente. Lo que queremos mas en la vida tendría que establecerse para lo que necesitamos aún más. Vida en el mundo tendrá que agarrar y la vida en Cristo tomará su lugar. “Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?” Marcos 8:36 .

“Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.” Mateo 16:24-27

Hoye su voz y “haz lo que él te diga”.

 

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